HISTORIA DE UN TAMAL DE COSTA RICA EN ESPAÑA, NAVIDAD 2020.
En estas navidades del 2020, nuestros amigos, Lohana Coto y Carlos Francisco Echeverría nos han enviado desde Valencia unos
tamales, hechos por ellos, con todo el sabor de Costa Rica. Nos hizo mucha ilusión ya que
no comíamos tamales desde el año 2001, que fue el último viaje a nuestro país y
en España no se cocina algo parecido.
Al volver a saborear los distintos sabores del
tamal, esta vez con vino español, me trasladé a los años de mi infancia en el
Barrio Luján de San José. Nuestra casa se encontraba muy cerca de la casa de mi
abuela Julia en dicho barrio. Era una casa grande con un largo patio con plantas
de plátano, árboles, gallinero...; era la última casa de la calle central del
barrio, al pie del Cerrito, por donde transcurría el río Ocloro, que en ese
tiempo sus aguas eran limpias donde nadaban peces pequeñitos de colores,
llamados guppys y que pescábamos y los poníamos en unos
tarros de cristal grandes de los que los usaban las confiterías para guardar
caramelos.
Mi abuela Julia era muy religiosa y cuando
lavaba la ropa en una pila de piedra, mientras rezaba el rosario, una lora de
bellos colores verdes, suspendida sobre un palo con dos cuerdas sobre el
lavadero, le respondía: "Ora pro nobis".
En las épocas de fiestas nos reuníamos en su casa todos los familiares, los primos
de Río Grande de Atenas, donde nació y algún vecino y muy especialmente en los
días de Navidad.
Antes del 24 de diciembre las mujeres
comenzaban a preparar los tamales de maíz. Los granos del maíz secos se ponían
el día anterior a remojar en agua con cal muerta, para que se hinchen y se
ablanden. Luego al día siguiente se quita esta agua y se calentaba agua limpia
en una olla grande de hierro en un círculo de piedras donde ardía la leña y
cuando hervía el agua se echaban los granos de maíz para que se cocieran. Una
vez cocidos se les quitaba el agua y se pasaban por un molinillo manual, para
convertir los granos en masa de maíz. Mientras tanto se iban preparando los
condimentos para rellenar la masa, que consiste en carne de cerdo o chancho como
le llaman en el país, también se le adjuntaba carne de pollo, arroz y chile
dulce o pimiento rojo. Con el tiempo se han ido agregando condimentos diversos,
como aceitunas, garbanzos, pasas, ciruelas y alguna de mis tías le agregaba
trozos pequeños de chicharrón a la masa; en España son parecidos a los
torreznos.
En el patio junto a una hoguera, los hombres preparaban las hojas grandes de banano o plátano y se ponían sobre la brasa. Aquí es donde me daban trabajo en calentar las hojas, que cogía del tallo y les daba vuelta sobre las brasas, hasta que se pusieran flexibles como si fueran de plástico y se pudieran doblar para envolver la masa de maíz con sus condimentos dentro. Luego se envolvían con las hojas de plátano asadas y se amarraban de dos en dos con cuerda natural, cuando estaban preparados la cantidad de tamales para servir al número de comensales invitados. Antes, en una olla se calentaba agua hasta que hirviera y se iban introduciendo los tamales para que se cocieran. Una vez terminaba este proceso se sacaban y se dejaban enfriar.
Es un plato que gusta mucho en Costa Rica, durante la Navidad y es una comida que se tiene a mano y cuando llega un amigo se le ofrece un tamal con café árabiga de Costa Rica, nadie lo rechaza. Este es un cuento de Navidad en recuerdo de mis abuelas Julia Murillo, Amelia Castro, mi madre Elia Vargas y mis tías. Dulces recuerdos de mi infancia en San José de Costa Rica.
Carlos Barboza Vargas,
Archivo Barboza-Grasa, Zaragoza, Navidad
2020.



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